Los tibios rayos de sol le despertaron. Miró a su alrededor. Vio gente que pasaba por la acera, esquivándole cuando llegaban a su altura. Pensó en lo que le había pasado. ¿Por qué estaba ahí tirado en medio de la calle? Notó como un hilo de sangre se introducía por la comisura de los labios. La nariz estaba rota. Alguien le había golpeado. Frente a el había una parada de autobús. No había nadie esperando allí. Uno se acercaba, podría subir. No paró, estaba vacío.
- ¿Le puedo ayudar? – Le dijo una señora mientras tiraba de la correa del perrito que intentaba alejarse de aquel lugar. Él también tenía miedo.
- No sé, ayúdeme a levantarme.
- ¿Cómo se llama?
- Jeff.
- Yo soy Natalie, tienes que limpiarte la sangre.
La mujer le condujo hacia los aseos de una cafetería a la vez que pedía un café al camarero.
Cuando Jeff volvió del baño, aquella mujer se había marchado.
- Aquí tiene su café, lo dejó pagado la señora. –Le dijo el camarero.
Con las manos temblorosas vertió el azúcar, intentado recordar qué le había pasado. Miró la taza, el café debía estar muy cargado. La noche anterior había salido con Samuel, ¿Dónde se había metido? No recordaba haber visto a Alice, ella estaría esperándoles su apartamento de Victory Street.
Volvió a mirar al café, en el cristal del fondo de la barra se reflejaban dos policías que entraban en el local. Los tenía justo detrás de su nuca observándole.
- Jeff Vargas.
- Sí, soy yo.
- Queda usted detenido por el homicidio de Alice Ramsen.
Jeff miró hacia la calle, Samuel, esposado asentía con la cabeza. Recordó la entrega junto a aquel motel en medio de la nada. Era la primera vez que lo hacían. Alice les había dicho que todo iba a ir bien. Tan solo tenían que entregar el paquete y entregarle a ella el dinero, después cobrarían su parte. Ahora ella estaba muerta. Él no la había matado. Recordó el viaje en un maletero hasta que le dejaron tirado en medio de la calle. Estaba seguro, Samuel tampoco la había matado.
- Déjenme hacer una última cosa les dijo a los policías.
- De acuerdo, pero no intente engañarnos, no va a escapar de aquí.
Jeff, volvió a mirar la taza de café. Cuando era pequeño su abuela le había dicho que si miraba fijamente la espuma del café, podría recordar todo aquello que se encontraba almacenado en su mente.
- Dos mejicanos nos robaron la mercancía. Samuel huyó y a mi me golpearon, introduciéndome en el maletero de su coche. Me preguntaron que quién nos enviaba allí. Les dije que Alice Ramsen, indicándoles donde vivía. Les escuche decir algo sobre una mercancía impagada. Después me arrojaron frente a esa parada de autobús que está ahí afuera. El resto es presente.
- No me venga con historias de su abuela y acompáñenos a la comisaría. Haremos las comprobaciones.
Jeff, volvió a mirar la taza de café. Recordó a su abuela que le decía “nunca falla”.
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