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sábado, 26 de noviembre de 2011

La casa


Le hubiera apetecido quedarse unos días más en aquella casa, sin embargo debía volver a Madrid para poner en orden sus ideas. La campaña de  navidad estaba muy próxima y aún faltaba por elegir a la mujer famosa que prestara su imagen para la Fundación. Se le habían pasado varios posibilidades por la cabeza, entre ellas hacer algo semejante al anuncio de las burbujas del cava que todos los años invade los hogares. Ello tendría gancho, sería una mujer famosa del espectáculo. Alguien suficientemente conocida por su imagen, que no  necesitara presentación. Pensó en varias candidatas, todas ella actrices, cantantes o presentadoras de programas de máxima audiencia en televisión.
Había permanecido dos semanas encerrado en aquel viejo caserón, perdido entre los árboles y la niebla que invadía cada uno de sus rincones. Tan solo había ocupado la planta baja, el casero le recomendó que no subiera a la segunda planta porque no estaba en condiciones de ser habitada.  La tranquilidad y el ordenador portátil habían sido su compañeros, apenas había salido al exterior, excepto para comer en el  bar del pueblo.
Celia le servía el menú único diario, a la vez que le bombardeaba a preguntas sobre la casa y el motivo de su estancia. Lucas prefería no dar mucha información al respecto, respondía siempre con palabras evasivas. Aquella tarde era el último día que comía allí, al día siguiente tendría que volver al trabajo y encontrar a la mujer de la campaña publicitaria.
- Señor, ¿sabe usted que pasó en aquella casa? – Le dijo Celia mientras le servía un plato de sopa.
- No y tampoco me interesa. – Contestó Lucas
- No se cómo ha podido dormir tan tranquilo allí. ¿Seguro que no escuchó nada raro?
Lucas no contestó, pagó su consumición y decidió pasar el resto de la tarde paseando por el bosque que rodeaba el solitario caserón. Recogiendo las últimas zarzamoras que los pájaros aún no se habían comido, se adentró en la espesura hasta toparse con una sombra que se ocultaba en la oscuridad de los árboles.  La siguió hasta que desapareció en el interior de una oquedad excavada en la tierra. Pensó que pudiera tratarse de un conejo o algún animal similar, por lo que decidió esperar allí  para verlo salir. Cuando la noche empezaba a caer decidió regresar a la casa. En el camino vio sombras similares a la que se había escondido en la madriguera. Todas se movían a sus flancos en dirección a la casa. Lucas aceleró el paso hasta emprender una carrera de regreso que era imitada por aquellas sombras que corrían a la misma velocidad. Al llegar a su destino, miró a ambos lados. No vio nada, parecía que las extrañas compañeras de viaje habían desaparecido.
Preparó el equipaje para el día siguiente pensando que había sido sugestionado por Celia; sin embargo ella no le había hablado del bosque sino que se había referido a la casa. Cansado decidió irse pronto a dormir. El silencio que dominaba le hizo caer en un profundo sueño, roto por el chirriar de una puerta.  Se encogió entre las sábanas sin atreverse a comprobar de donde procedía aquel ruido. Notó que algo estaba subiendo a la cama parándose a la altura de sus pies. Podía tocarlo, tenía el pelo suave. Se acurrucó todo lo que pudo intentando apartarse de aquello que se había colado en su habitación. Parecía que no tenía intención de moverse de allí y Lucas tampoco se atrevía a encender la luz para comprobar que era.
Sintió que una suave brisa de viento acariciaba su cara, aquel bicho parecía estar agitándose, a la vez que desprendía un desagradable olor.  Un sudor frío comenzó a recorrer su cuerpo que se encogía inexplicablemente. Las rodillas habían llegado a la altura de su cabeza y aquello se movía en los pies de la cama.
La puerta volvió a chirriar. La cosa esa no estaba sola, había otras que entraban en la habitación emitiendo un agudo chillido que colaba en sus oídos haciéndose insoportable. Provenía de todas las direcciones.
El corazón comenzó a latirle cada vez de forma más rápida. Creía que iba a morir de un infarto. Pensó que ello podría ser mejor que devorado por aquellas cosas que le rodeaban.
Así permaneció durante largo tiempo, hasta que en mitad de la noche sintió como el que tenía a sus pies se levantaba bajándose de la cama dirigiéndose ruidosamente hacia la puerta, el resto parecía seguirlo.
Encendió la luz, no había nada a su alrededor. La puerta del dormitorio se encontraba abierta. Al salir dirigió su mirada hacia la escalera que subía a la segunda planta, pensó que podían haberse escondido allí. Prefirió no comprobarlo.
Esperó despierto a la mañana siguiente. Celia debía tener la respuesta a aquella extraña noche.
No hacía falta que le preguntara nada, ella le sirvió un café y bajando la voz le dijo que desde que murió la dueña de la casa,  unas criaturas extrañas la frecuentaban habitualmente. Ningún inquilino había podido verlas, sin embargo todos en el pueblo pensaban que se trataba de los gatos de la señora. Desaparecidos misteriosamente el día en que ella falleció.  
Al abandonar la casa, Lucas descubrió que todo aquello que había pensado sobre una actriz famosa para la campaña de navidad, no serviría de nada. Nada más sugestionable que la publicidad de la Fundación hiciese con gatos, decenas de gatos alrededor de una mujer. Ella podía ser Celia. Sólo había podido sentirlos desde que ella le habló de los extraños ruidos de la casa.