Zenón de Elea
planteó una aporía: Aquiles compite en una carrera con una
tortuga, dándose a ésta una cierta distancia de ventaja. Cuando Aquiles
recorre unos metros, la tortuga avanza unos centímetros,
acortándose las distancias sin que la tortuga deje de avanzar, de tal forma que
matemáticamente nunca la alcanzaría.
Esta paradoja
no se resolvió hasta que en el siglo XVII el escocés James Gregory
demostró que las series convergentes a pesar de tener un número infinito de
términos dan como resultado un número finito. En ese instante Aquiles
alcanzará a la tortuga.
De este
planteamiento que Zenón hizo para demostrar las tesis de Parménides, de que las
sensaciones del mundo son ilusorias y en concreto que el movimiento no existe,
se puede hacer una abstracción y sustituir al veloz Aquiles por clase obrera y a la tortuga por clase social alta .
En la sociedad
actual la pertenencia a una clase social está determinada fundamentalmente por
criterios económicos, aunque hay otros condicionantes sociales para la
inclusión en un determinado grupo, como es el origen, las relaciones sociales u
otros aspectos culturales. Estando todos éstos últimos supeditados al criterio
económico para permanecer en el estatus social alto.
Volviendo a la
aporía de Zenón, el veloz obrero Aquiles quiere con sus pies descalzos y su
enorme ilusión, no solo alcanzar a la tortuga de clase social alta, que avanza
lentamente protegida por su caparazón. Pero ¿de qué herramientas dispone
el obrero para llegar a ser como los ricos? . A primera vista, se trata
de un simple intercambio de bienes, el empresario necesita de obrero para
aumentar su capital y éste necesita del empresario un salario que le permita
subsistir e incluso ahorrar. Pero he aquí que la proporción de generar riqueza
es inversamente proporcional a la carrera entre la tortuga y Aquiles. El
empresario emplea el trabajo que le ofrece el obrero en generar
exponencialmente más capital; en cambio el obrero, una vez cubiertas sus
necesidades básicas, emplea el salario en aumentar sus ahorros. Pero la
diferencia entre la forma de empleo de los excedentes de riqueza entre uno y
otro, está en que el crecimiento del ahorro del obrero lo hace en una
proporción sustancialmente inferior al enriquecimiento del empresario.
La clase obrera
a igual que Aquiles se siente la ilusión de ganar la carrera porque sabe que la
clase social alta necesita de su trabajo, siendo muy alto el coste de
igualación entre clases: en primer lugar porque la tortuga no solo parte con
una ventaja inicial, estando protegida con su caparazón de las crisis
económicas, lo que le da una longevidad mucho mayor. En esta lucha el obrero
intenta imitar a la clase social alta, negando el disfrute de la vida por adquirir
ahorros que le permitan parecerse a los ricos.
Misión que no
es imposible, aunque si muy larga en el tiempo, teniendo en cuenta los veintiún
siglos que se tardó en resolver la aporía de Zenón.
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