-Pinka,
¿has visto el mar?
-No
Pinko, ¿por qué lo preguntas?
-Johana,
la ardilla del roble que hay junto al río, me dijo que está al otro lado de la montaña.
-¿Y
como crees tu que puede ser?
-No
lo sé, pero Johana dice que es enorme.
Con peces más grandes que las vacas.
-¡Uf,
que miedo!
-Se
llaman ballenas y son mamíferos y peces a la vez.
-Pinko,
¿te gustaría conocerlo?
-Claro,
pero ni tú ni yo podemos subir hasta la
cima de la montaña.
-Tal
vez mi amiga el águila, nos pueda llevar en sus alas.
-No
te fíes de ella, que es capaz de comernos.
-Tú
siempre con miedo, ¿no te das cuenta de que ella solo come culebras?
-Ya
pero…, vegetariana no es.
Amarrados
a las alas del águila, Pinko y Pinka
llegaron hasta la cima de la montaña.
-
Eso es el mar.-Les dijo el águila depositándolos en el suelo
-Pinka
¿qué te parece?
-No
sé Pinko, huele a sal.
-Pinka,
¿oyes eso?
-Sí,
deben de ser las olas golpeándose contra las rocas.
-No,
Pinka, es un ruido como el de un camión, pero más grande.
-Pinko,
eso es un barco.
Sentados
en una roca, pasaron toda la tarde, analizando uno a uno los sonidos y olores que les llegaban del mar. Y al
compararlo con el lago del valle, éste les parecía una charca.
-Pinka,
¿regresamos?, el águila nos está esperando.
-Sabes
Pinko, me gustaría tener su vista. Seguro que puede ver más allá del mar.
-Pinka,
somos topos.